A veces, hablando con gente, en determinados
momentos de la conversación acerca de la fe, o quizá de lo que significa creer en Dios, se suele oir:
"... Mmh..bien, realmente si a ti
te funciona tener fe en que Dios existe y seguirle, y si eso te hace ser mejor
persona, pues genial, no? Es algo que no perjudica a nadie y es bueno para
ti... adelante entonces"
o también puede oirse:
"Mmh.. me parece genial.. aunque,
si hablamos de mí, yo no soy una persona religiosa. La religión no va conmigo. Aparte,
independientemente de todo esto, yo no me considero una mala persona, no he
matado ni he hecho nada grave grave"
... creo que siempre hay cosas que decir
cuando oigo estas frases en boca de amigos, familiares o desconocidos.
En primer lugar, yo al contrario que esos argumentos, no me considero una persona buena, y esto ya lo he dicho alguna vez
en este blog de “bitácora”. Trato de ser sincero en base a mi experiencia: soy una persona como el resto de las bípedas y vivientes de este
planeta, con taras, defectos, problemas y luchas internas, y considerando mi
actitud en base a estos asuntos muchas veces, “no buena” por definición. Esto es reforzado por el pensamiento de
que no considero que mi bondad me tranquilice, porque me
conozco y solo tengo que mirar mi vida (ayer y hoy) para volver a ver mi
torpeza y mis faltas, hacia otros y hacia mi mismo.
Y por qué creo lo que creo en cuanto a
esto!? No soy un santo, ni creo que los haya, al menos al modo que entendemos esta
palabra en la actualidad.
En la carta que el cristiano (mundialmente
conocido por su aparición en la Biblia y su condición de escritor - que no creador
y autor del contenido- de varios libros, o más bien cartas que se encuentran en
la Biblia en el Nuevo Testamento), Pablo escribió a los habitantes de Roma en
su carta a los Romanos, capitulo 3, vers. 10 y 18 (consultad en la Biblia):
"No hay justo, ni aun uno. [...]
No hay temor de Dios delante de sus ojos".
Para, para… para el carro… que el mismo
Pablo que escribía esto, se incluía. Si hemos de mirar la justicia que hay en
nuestras vidas, suspendemos absolutamente todos. Te atreves a llevarme la
contraria en esto!? Maticemos: aunque el balance no sea tan grave como este
terrorista que ha apretado el gatillo varias veces, o aquel señor encorbatado
que ha robado los ahorros de familias pobres... todos a nuestra manera y a
nuestra escala, hacemos cosas contra las que nuestra propia conciencia habla (y
cada dia, si paras a fijarte). Algunos como yo, hemos llegado a desarrollar una
habilidad de “autojustificacion” tremenda, que dispone de razones y argumentos
para acallar esa parte “justa" que todavía se esconde en algún lugar de
nosotros y que nos pega un grito incómodo cada vez que hacemos algo que en el
fondo reconocemos que “no esta bien”,
si quereis que lo diga en un lenguaje muy simple.
Algunas religiones consideran la santidad
de algunos hombres que vivieron vidas “cercanas a la perfección” o que
desarrollaron “relaciones muy próximas a las divinidades”. Y los registran como
tal, y se les rinde culto e incluso se les adora erróneamente.
Pero si dejo a un lado toda religiosidad
humana (y los chistes malos sobre fútbol), y me dispongo a mirar en la Biblia, como
quien quiere saber más; si yo profundizo en ese tema, no veo esta concesión ni
ese título otorgado en su grado más alto nada más que a Alguien:
“Yo Soy
Santo” (libro de Levítico, cap. 20, vers.7) e incluso voces externas a él, “Santo, Santo, Santo” (libro de Isaías,
cap. 6, vers.3). Ese título es de muy alto concepto para repartirlo como si
fuera un grado universitario más.
No hay hombre justo, no hay hombre santo
en sí. Por eso (y por mi sincera experiencia), puedo concluir que mi buena actitud o mi bondad, nunca me va a
servir de argumento delante de ese Dios, si es que Dios existe y un día he de quedarme de pie
delante de El y hablar qué fue de mi vida.
Pero eso sí, la Biblia habla de otros
“santificados” (libro de Juan, cap. 17, vers. 19, o bien 1ª Carta a los Corintios, cap. 6, vers. 11, o bien Hebreos, cap. 10, vers. 10, o bien, etc. etc.) y esos son aquellos que han reconocido su condición de
incapacidad de vivir esa vida “sin mancha”, y desde ese momento han decidido
vivir una vida desde la luz de la “justificación” que solo puede dar el que
alcanzó tal posición de santo y justo.
Eso si me parece el argumento a utilizar en aquel día...



No hay comentarios:
Publicar un comentario