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27 enero 2012

La historia de la estacion

Quiza suene demasiado a cuento. Solo dire algo antes de comenzar a relatar lo que ocurrio en la estacion de London Victoria: lo siguiente es tan real como la vida misma. Tan real como que no me averguenza reconocer que pase mucho miedo... sea como sea, ahi va:

Estamos llegando a la estación de London Victoria. Quedan, quizá, unos minutos para las 11,00 h. de la mañana. Ayer, viernes 20 de Enero de 2012, salimos de Lauterbrunnen (Suiza) hacia las 18,00 h. y hemos viajado (con el único receso de las paradas obligatorias por la ley y el tramo realizado sobre el tren del Eurotunnel) de continuo hasta aquí.
James, mi coordinador en la compañía, me ha comunicado que debía ir a Londres a acompañar al último relevo de conductor de autobús y a más de la veintena de personas que todavía quedan en el bus tras las paradas de Folkestone y Otford, en lo que se conoce como hacer el “Courier” algo que se podría traducir como “guía” o como diría mi hermana en Air Nostrum “el que da las voces”. Si soy sincero, estoy bastante cansado del viaje y de la semana trabajando en el chalet (el único día de descanso lo empleé para esquiar, con lo cual, voluntariamente, no he tenido descanso) y este cambio de planes de los que nada sabía hasta última hora (a falta de 10 minutos de llegar a la que iba a ser mi parada, Otford, y poder descansar de semejante éxodo ya en casa), me ha descolocado y ciertamente, me ha disgustado un poco. Me he ido animando en el camino a Londres, pensando en que estoy OFF hasta el martes para descansar.
A falta de unas cuantas calles para llegar a la estación, cojo el micro del autobús y me dirijo al personal haciendo un alarde de “simpatía española” en clave de despedida, recordándoles entre comentarios jocosos del “Spaniard adoptado por Oak Hall” (es el cansancio lo que me hace deshinibirme todavía un poco más) cuál es nuestra última parada y rogando colaboración para mantener limpio el autobús, recogiendo los posibles restos de basura que cada uno haya podido generar.
Llegamos a la estación de autobuses London Victoria Arrivals (hay otra para las departures). Para quien haya estado, sabrá que es un lugar relativamente pequeño, aparentemente sucio y bastante oscuro… una estación. Pero esa descripción, lleva aparejada la alerta o alarma que “me salta” en lugares como estos, habituales centros de concentración de maleantes y personas que se ganan la vida de forma “poco honrosa”. Tras ayudar a descargar el equipaje de los últimos “guests” y despedirme de un par de ellos de los que me hice “coleguita” durante el viaje, el conductor de nuestro autobús está siendo presionado para que abandone la terminal, porque tiene que entrar otro autobús y nuestro autobús bloquea una parte de la entrada. Yo entro corriendo a la parte delantera del autobús y busco mi mochila y mi cartera, que he escondido “a conciencia” cuando entrabamos en la estación (de todas maneras, recuerdo haber echado un ojo a la puerta de entrada mientras descargábamos las maletas, como un par de veces, para asegurarme de que nadie entraba al autobús en un descuido e intentaba robar algo en la zona del conductor o el acompañante).
He llamado a Marquitos en ruta hacia Londres, para ver si hacían algo este fin de semana y me ha dicho que en hora y media estaría en London Victoria, pero en la estación de trenes. Un compañero de piso de Vicen se vuelve a su país, Japon, y nos invita a su fiesta de despedida. Bueno, introduzco aquí a Vicen, Vicentaco, Eyko, Vinnie… un viejo conocido de Valencia, con el que he contactado de nuevo a través de Marquitos, está viviendo y trabajando en Londres desde hace unos 3 años y el es quien con mucha generosidad nos acoge en su casa y nos da un colchon para dormir cuando vamos de finde a Londres… ya hemos estado unas 3 o 4 veces por allí. Volviendo de esta subsubhistoria a la subhistoria, el compañero se llama “Kiki” –no es coña- y lo conocemos de las veces que hemos ido por casa de Vicen.
Bien, vuelvo a la estación. Me acabo de despedir del conductor que estaba literalmente moviendo el autobús por la presión que le estaba metiendo el encargado de la estación y entro apresuradamente en la zona de espera de pasajeros con todas mis cosas en la mano. Allí dentro había mucha gente, que iba en una y otra dirección de la terminal en un sector que, precisamente, era bastante estrecho. Y, de repente, veo algo que no debería haber visto.
Una mujer bastante mayor, con una abrigo largo y acompañada por otra persona más (como mínimo… porque en la fracción de segundo que vi la escena había mucha más gente alrededor de ella, debido a la saturación humana reinante) se ha parado un momento sobre la marcha con su/s acompañante/s y reanuda, en cuestión de otro segundo, la marcha. Parece que están buscando algo, porque miran hacia arriba, como hacia algunos letreros. Han pasado a un par de metros de mi, en dirección a la derecha, por lo que en el momento clave, sólo pude verle la espalda. En el momento de reiniciar la marcha tras esa parada breve, me percato de que se produce como un “efecto muelle” a su alrededor: de la cantidad de personas que estaban a su alrededor, una de ellas se ha parado acompasadamente detrás de ella, y ha reanudado la marcha cuando ella la reanudaba, como si se tratara de una prolongación de esta. Esa persona está demasiado cerca de ella, y en una posición que en seguida la delata, está prácticamente a un palmo de su espalda. Mis ojos van directamente a los brazos de esa persona, un chico rubio vestido con un chándal y zapatillas deportivas (ideales para correr): con su mano izquierda sujeta un papel suficientemente grande como para no ver lo que hay debajo de el desde unos dos metros de distancia, pero justo desde mi punto de vista puedo ver perfectamente lo que ocurre debajo de ese papel: su mano derecha esta abriendo la cremallera del bolso que la viejilla lleva colgado en el brazo izquierdo, aunque todavía no tiene la mano dentro del bolso.
Conforme describo esto, se puede uno imaginar que me ha dado tiempo a identificar lo que está pasando y han pasado dos pensamientos por mi cabeza. El primero, intentar convencerme de que no puedo hacer nada ya y que, principalmente, estoy sólo y no soy superman. Milésimas de segundo después, como si hubieran pasado varios minutos y hubiera podido reaccionar con tranquilidad, eligiendo la opción de no quedarme con ningún remordimiento futuro de lo que “pude hacer y no hice”, doy dos pasos hacia adelante y con mi mano derecha le palmeo las dos manos en un mismo movimiento.
Se para la escena. A partir de aquí, la anciana desaparece de mi historia para siempre. Podía haber sido robada, pero no lo ha sido finalmente. No se ha enterado de absolutamente nada y ella y su/s acompañante/s a saber dónde se metieron, qué comieron ese día o si en la siguiente esquina le robaron con éxito. Ahora estoy yo y el mangante. Y estamos cara a cara, porque me acuerdo de su cara perfectamente...

(lo siento, es la hora del te, sigo mañana... jajajajajajajaja... David, no sabes la buena idea que me diste al decirme que le echaba intriga a la cosa...)

4 comentarios:

  1. Dos cosas, escribe un libro! me gustan tus redacciones :)

    y la segunda, me estoy acordando de tu familia, con lo bien que me caen, jajaja!

    mamón!

    EvaD

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  2. ...me arrepiento de lo dicho. Estás jugando con nuestros sentimientos o_0
    (soy david)

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  3. Rollero!! Me he perdido en el minuto 2 y eso que conozco la historia. No compraría tu libro ;) Eli

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  4. Jajajaja.. vaya tela como he revolucionado el tendedero con la historia de la estación... jajaja...
    Eva, mi familia conoce el desenlace, me lo exigieron, como buenos progenitores :)
    David, no juego con sentimientos...pero ahora que lo dices igual me subo a un escenario, empiezo a pedir dinero en el "nombre de Dios, para hacer milagros" y me forro, tio... pensandolo bien, no sería el primero, y a mucho "falso profeta" le ha salido genial la jugada (y nunca mejor dicho lo de "la jugada").
    Eli, no sólo comprarías mi libro, hasta la edición de bolsillo (y con ilustraciones de Pocoyó, si hace falta), sino que ahora mismo estás pensando en montar una editorial para editar mis experiencias. Reconocelo! Juas XD

    Os dejo con la siguiente parte... paciencia!!

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