Era el año 1981, no habían pasado siquiera 8 meses de que el comandante Tejero subiera a la tribuna del Congreso de los Diputados, Carrera de San Jerónimo, pleno corazón de Madrid, atrapado en su uniforme gris impecable y pistola en mano, apuntando de manera impersonal y general al hemiciclo español. Este año celebrábamos el 30 aniversario de estos hechos. Tampoco habían pasado siquiera 8 meses después de que el Rey Don Juan Carlos I compareciera ante la nación española en una de las dos únicas cadenas existentes en ese momento, defendiendo y apoyando incondicionalmente la soberanía popular y por otra parte granjeándose la confianza que, a buen seguro, le garantizó sine die su estancia en La Zarzuela. Otra cosa será lo que pase con el “legítimo sucesor” y “la decisión que tome el pueblo en cuanto a ello”, como dijo recientemente Pilar Urbano, biógrafa que ha escrito varios libros en torno a nuestra Casa Real. Simple curiosidad que desconocía pero que es de público conocimiento, nuestro monarca mató por accidente a su propio hermano menor, Alfonso, cuando tenía 18 años de un disparo. Es historia, “frikear” en Google, como diría cierto excompañero de piso que tuve hace bien poco J.
Bien, pues ese año, el mundo asistiría a otro día “histórico”, a la par que dramático, de consecuencias nefastas para lo que a día de hoy, sigue constituyendo el conflicto más duradero y de peores consecuencias que haya separado a dos pueblos, y más que eso, a dos culturas y dos civilizaciones.
El día 6 de Octubre de 1981, durante un desfile militar, el entonces presidente de Egipto, Anwar el-Sadat, era víctima de las ráfagas de fuego real que su propio ejército dirigía hacia la tribuna desde la que presenciaba tranquilamente el despliegue de sus propias fuerzas armadas. ¿Quién lo iba a pensar?
El-Sadat, “punto y seguido” del gobierno de Nasser (presidente Egipto del que se puede leer un rato también y no por su "amor por la paz" precisamente) sobre el país milenario y antigua civilización a orillas del Nilo, caía fulminado al instante, solo por una decisión unilateral del más profundo y violento integrismo radical religioso.
Simplemente, ya no era “uno de los suyos”. Diversas “losas” imperdonables para un líder árabe desembocaban en una muerte anunciada: su firma junto con la del entonces primer ministro judio Menahem Beguim en Camp David (USA, 1978) con Jimmy Carter por enmedio, que significaba el primer acuerdo de paz duradero de un estado islámico con Israel, o su significativa visita al Knesset (parlamento hebreo), o su Premio Nobel de la Paz compartido con Beguim por perseguir la conciliación de personas (y ojo… no hablamos ya de musulmanes ni judíos)…

El Sadat (izda.), Carter (USA) y Beguim (dcha)
Este tío, quien (y muy paradójicamente) tiempo atrás fuera uno de los estandartes de la causa contra la nación hebrea (convino y participó a todos los efectos en la guerra del Yom Kippur en 1973, que enfrentó a Israel contra una alianza Sirio-egipcia), había tornado en un elemento de concilio y proximidad, para sorpresa e incredulidad de muchos. El sueño de la convivencia entre dos culturas esfumado, volatilizado con la velocidad de los proyectiles que lo agujereaban en su tribuna (y eso es historia filmada, amigos, el video esta en YouTube). El brazo armado de ese grupo que comentaba el otro dia, Los Hermanos Musulmanes, decidían su día final, a su manera, sin siquiera misericordia de su propio “hermano árabe” por “traición”:
Llama poderosamente la atención, que esa misma facción radical es la que hoy en día complica la vida como dije hace días, a muchos cristianos coptos (o directamente acaba con ella, como el ataque cometido hace casi exactamente un año, el día 31 de Diciembre del año 2010 contra una iglesia cristiana copta en Alejandría, en el que fueron asesinadas 21 personas de manera sádica y reflejando claramente la enfermedad mental y decadencia del ser humano en las personas que perpetraron estos hechos). Según un reportaje publicado en el suplemento dominical del grupo Vocento el domingo 24 de Abril de 2011 - sí, el que dan cada Domingo con el periódico - , en total, 8 millones de cristianos coptos malviven en Egipto, en guettos de ciudades como El Cairo, con miedo a la represión de una influencia que crece en ese país, con la caída de Hosni Mubarak (mira por donde, el personaje que sucedió al malogrado Anwar El Sadat y que podéis ver a la derecha de este en el video anterior, haciendo un gesto de estirar el cuello) que ha acabado “echado a patadas por la puerta de atrás de su propio palacio presidencial de Egipto”, tras la revolución de la plaza Tahrir, durante los meses de enero a febrero de este mismo año 2011, en la que se atisbaba un cambio y progreso para la nación de los faraones. Nada más lejos de la realidad, literalmente "hoy" han habido o hay movidas y cargas policiales a los manifestantes en esa plaza.
En efecto, y para los que todavía no se han percatado, vivimos días históricos y decisivos, aunque tristemente y a juzgar por las audiencias televisivas de España, para muchos “su” historia no trascienda más allá de la capacidad de emisión de sandeces y exabruptos que ostenta la exmujer rubia (con nombre de “portal navideño”) de cierto ex-torero con cultura algo limitada, mientras se llena los bolsillos con el dinero que a mucha gente hoy le falta para pagar la hipoteca, el oro líquido – o debería decir gasolina - o siquiera poder subsistir variando la dieta básica de arroz y pasta.
Volviendo al protagonista de este artículo, Anwar el-Sadat; quedará en la retina el "magnicidio" de un hombre cuya preocupación yo resumiría que fue: “integrar las partes de un problema, no recurrir al integrismo para solucionar el problema” y es que, según una sentencia atribuida al propio El-Sadat, que puede definir su filosofía:
“Nada de política en la religión, nada de religión en la política”
Pienso en otro personaje histórico, para mi no fue un político, ni un religioso, por más que la segunda opción sea la más "golosa" para aquel que no ha leído acerca de él. El que debería ser verdadero protagonista de estas fechas a las que nos acercamos, el "inquilino" de ese Belén, también fue eliminado y con violencia, unilateralidad y premura de entre su generación. Su descendencia no la pudo contar nadie, y casualmente tambien fue asesinado por sus "hermanos judíos", en Israel, la Tierra que le vio nacer, vivir y morir.
Pero yo he leído en la Biblia que no sólo podíamos fijarnos en las manos de los que le colgaban en esa cruz, ya romanos ya judíos, sino que debíamos mirar nuestras propias manos, simbólicamente "manchadas" también por la manera de vivir en rechazo a su existencia, y a la de todo un Dios, y todo lo que ello conlleva. Y eso para mí y según sigo leyeneod es el simple hecho de "pasar de su cara" en nuestro día a día. Eso sí, cuando llegan "peores días", aflora en todos nosotros el previsible reproche: "¿Dónde estás, Dios, cuando...?"... y como decía oir a alguien en una entrevista no hace mucho "¿Y dónde hemos puesto nosotros a ese Dios? En nuestra sociedad, en nuestro día a día..."
Fuentes:
● Suplemento "El Dominical", (El País) Grupo Vocento, 24 de Abril de 2011
● http://sinolodigorevientas.blogspot.com/2009/12/anwar-el-sadat-el-fin-de-la-esperanza.html


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